Libremente soy Tuya

Libremente soy Suya

viernes, 1 de diciembre de 2017

Oda

Llámame loca por esto, pero desde el primer día que nos vimos supe que seríamos algo más que unos cuentos polvos furtivos. No seríamos la aventura del otro en las redes sociales. Pasaron los meses y los años, y las riñas; las pataletas por querer verlo no eran caprichos. No eran querer quedar por encima de Él. No lo quiero porque no haya conocido a nadie igual, preferiría la soledad eterna a estar con una persona solo por el capricho de estar acompañada. 
Descubrí que lo quería, que me gustaba verlo, que me gustaba complacerlo. Que amaba cada gesto y cada detalle que me hacía para acercarle el vaso de agua o escucharlo decir "hoy me voy a correr en tu cara". Que adoraba tenerlo cerca, que su presencia me calmaba. No ha habido nadie con quien hay disfrutado del contacto por encima de la charla insustancial. No hacía falta rellenar silencios. 
Descubrí también que lo quería. Lo descubrí en nuestras primeras discusiones, esas en las que aún no nos habíamos visto en persona. Odiaba estar peleada con Él. La incertidumbre de no saber qué pasaría, de si ya no le gustaba, me torturaba. Quería que me comprendiera, que tuviera mano izquierda conmigo. Y lo hizo. Que entendiera que mi comportamiento era incorrecto, pero que partía de haber escuchado cosas que dolían. Que supiera que ser suya con todas las letras implica esfuerzo, que romper con lo tradicional no se consigue con una chas. Me moría y me muero de ganas por verlo. Él puede decidir no vernos, pero mi corazón no lo va a entender. Mis ganas de arreglarlo, mis ganas de que me folle, me hacen ser horrible y exigente.Pero soy tan crítica conmigo misma que no niego mis errores. Gracias a su ayuda y mi trabajo he mejorado en mucho, sé que podría hacerlo en mucho más.
No quiero dejarlo, ni que Él me deje. No me imagino abrir mis notificaciones, verlo y no poder bromear ni ser nosotros. Prefiero quedarme con el esfuerzo, las risas y la ilusión de que estaremos juntos siempre. 
Prefiero una oda a nosotros, esa que me hace ser merecedora de Él. 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Esa jodida ternura tan tuya

Echaba de menos escribir. Ha pasado casi un mes y tampoco ha sido la primera vez en la que han transcurrido tantos días sin hacerlo. Al plantearme volver aquí, pensé en daros explicaciones del por qué, en contar las cosas que he aprendido o que he madurado. Pero no. Es más, ni siquiera me atrevo a decir que he avanzado. Las ocasiones en las que he querido "presumir" de ello me ha salido el tiro por la culata. Así que solo diré que estoy aprendiendo a ser un poco más yo misma con toda la gente que me rodea, a tomarme las cosas con más calma, a ser yo quien domine mis emociones y, en definitiva, a seguir aprendiendo. Quiero ser la excepción a ese otro dicho: "la gente no cambia". Pero como digo, no me apetece hablar de justificaciones más allá de esta breve introducción. 

Quiero hablar de su mano en mi cabeza y la otra en mi hombro, dándome calor, haciendo que olvide todo y descanse tranquila. Me ofrece su pierna con un "¿quieres volver a correrte?", lo miro con ternura y le digo que sí. Pero al colocarme, los sonidos de su barriguita y el latido de su corazón me calman. El orgasmo puede esperar, y paro de moverme. Él, como si entendiera lo que me apetece mejor que yo, me sujeta de ese modo con sus manos. El edredón ha caído al borde de la cama porque tenía que ser yo quien le diera calor. 
Vemos la serie como cuando veíamos otras por Skype, picándonos con las imágenes que veíamos y los comentarios que nos hacíamos; Él en su casa con su portátil y yo en la mía con aquella reliquia de la informática que se calentaba en mis piernas. Ahora es mejor, ahora está a mi lado. Ahora podemos darle al botón de pausa y que me folle. Y ojalá un botón de pausa para quedarnos así siempre. 
Valoro muchísimo cada segundo que pasamos juntos. Los dos trabajamos y a veces es muy difícil juntar más de una hora para vernos. Cuando yo no trabajaba actuaba como una niña caprichosa, quería verlo y no pensaba en lo demás. Ahora tengo las mismas ganas de verlo, pero asimilo las cosas de otra manera. Aunque cuando tiene ganas de usarme y me lo dice tan directo, la verdad que pierdo el culo por verlo. Me encantaría pasar un día entero con Él más a menudo, ya no solo por verlo, si no por la paz de tenerlo sin andar con prisas. Me encanta servirlo, y aunque no sea la mejor ama de casa, me gusta dedicarle mis atenciones en todo lo que pueda. Así que las veces que hemos dormido juntos me ha hecho muy feliz por esa tranquilidad de saber que no nos tendremos que ir a la hora de entrar por la puerta. A pesar de todo es mejor que vernos solo por Skype. 
Ahora nos tenemos cerca y tengo mucho que agradecer. A veces son frases que me suelta: "en los tres años que te conozco me acabo de dar cuenta...", las que me hacen ser conscientes de lo que hemos construido. Me doy cuenta de la poca importancia que tenían aquellas discusiones, la manera tan tonta con la que reaccionaba, los celos que me daban por cualquier cosa, la mano izquierda que le faltaba conmigo... Mil cosas que no podíamos adivinar el uno del otro con unas horas a la semana de vernos. Él está más curtido en las relaciones pero yo era un desastre, me tomaba todo a la tremenda porque no conocía otra manera de vivir algo desconocido. 
Al margen de todo, creo que desde el momento de conocerlo me sentí suya. Esos días de tener la regla y de follarme solo el culo como si fuera algo normal. No era mi dueño, no era nada mío para que objetivamente le pudiera consentir algo así. Quizá porque lo disfrutaba, porque yo siempre quise dar con un hombre como Él y todo lo que hacíamos me parecía lo más natural del mundo. Y porque ahora lo que quiero es exactamente lo mismo, en esto no he cambiado. Sigo siendo la misma chica que se lanzaba a la aventura de verlo fuera donde fuera. 
Me siento bien recibiéndolo vestida, desnuda o en ropa interior, por la sencilla razón que es Él quien viene. Me encanta cuando me folla y me agarra de la boca para coger impulso. Esas veces en las que está más cerdo que yo y me arrastra para colocarme al lado del espejo. Mi culo rebota en sus caderas y su polla entra y sale como si estuviera hecha a mi medida. O quizá yo a la suya. Y nos reímos mientras me monta, me hace mimos y burlas. Yo le hago pucheros para que me dé besitos y se apiede de mí, pero es igual porque me provoca con cualquier cosa. Ya viene otro orgasmo. Su mano en mi coño y su polla abriendo mi culo. Curvo la espalda y me agarra fuerte para que deje de temblar. Cuando me doy cuenta que sigue embistiendo contra mí, lo agarro por el culo, alargo mi brazo tanto como puedo. Sigue, vuelve dentro y jódeme tan fuerte como te lo permita la ternura que sientes por mí.

lunes, 23 de octubre de 2017

Es un hasta luego

Voy a intentar sintetizar mucho esta entrada. No pretendo que sea lo más original y creativo, simplemente explicar un poco el rumbo que tomará mi cuenta de twitter para quienes seguís el blog por ese medio. Compartiré esta entrada de la manera más breve, creo que le daré al botón de compartir y aparecerá en un tuit el texto predeterminado. 
A pesar de que haya dejado mi cuenta de twitter, el blog no lo quiero abandonar pero sí que es cierto que no habrá publicaciones tan asiduas, o sí. No lo sé. La razón por la que he dejado mi cuenta de twitter creo que es coherente: no me siento sumisa o esclava, no siento que sea la persona que abrió la cuenta hace ya años. Pienso que ser sumisa o gustarte la dominación debería de ser una constante en tu vida. Lógicamente no te vas a entregar a cualquiera, en mi caso menos aún dadas mis características personales, pero sí creo que deberías tener cierta inclinación. Es como ser tímida. Si yo soy tímida lo soy con la mayoría de la gente, no es un rasgo de mi personalidad que encender y apagar. Pues del mismo modo considero el ser sumisa. Por eso me he dado cuenta que no lo soy. 
Con Él... Dios mío, con Él soy la persona más entregada del mundo. Paro de comer por ofrecerle lo que necesita, recorro la distancia que sea para verlo, me giro y le ofrezco lo que más le gusta de mi cuerpo... Y así con todo. Me hace más feliz y me pone más cerda saber que lo complazco que cualquier caricia. Si lo llamo Amo es porque siento que le pertenezco. No me importa que tengamos un roce, una pelea o que estemos separados, yo soy suya. Así me considero. Sin embargo con otros hombres no me puedo entregar. Podría si el Amo me diera permiso o el participase de algún modo. Pero no yo sola. Es por este motivo por el que no me sentía identificada con mi cuenta de twitter. 
Quizá algún día vuelva a escribir ahí, sin embargo ahora mismo no me siento capaz de representar la sumisión de la que parte el BDSM. El twitter es muy radical en muchos aspectos: si tienes Amo es porque eres así, así y así. Y no quiero que nadie más que yo decida lo que soy, en todo caso mi dueño puede hacerlo. 
Y lo que siento es que quiero que me rodee y me tape con su cuerpo, que me haga suya tantas veces como podamos. Si soy sumisa de alguna forma es con Él y solo con Él. De la única persona que quiero recibir premios y castigos es del Amo. Porque de ningún otro voy a recibir con tanta alegría un "hola", un "llévame comida a la una", una simple notificación o un "ahhh que bien lo haces". 
Te adoro a ti, no hay más dueño que tú ni más a quien desee servir dando mi mejor esfuerzo. 

sábado, 30 de septiembre de 2017

El collar no hace al perro

¿Cómo coño catalogo lo que somos? 
Me como la cabeza tratando de encontrar un palabra que me apacigüe. Algo que me diga: "tú eres x y Él es Y, y tienes que aceptarlo y disfrutar de lo que tienes. Porque si se va a la mierda vas a desear haber sido x aunque Él fuera Y". Entonces ya estaría todo resuelto, no habría más que añadir. Sin embargo luego me doy cuenta de que eso ya lo tengo aunque no haya una vocecita de la razón suprema que me lo haya dicho. En cierto modo, incluso el Amo me lo ha dicho ya. Lo que ocurre es que a veces me da tanto miedo perderlo que lo agarro con más fuerza. Y al apretar con fuerza a veces haces mucho daño. Y esa persona se revuelve y te araña la superficie que pensabas tan dura. Ves que duele. Que has quebrado una parte de lo que tenías. 
Hay personas en la vida que no eliges, aparecen sin más y te atrapan. Tres meses de verano hablando con una persona, con la que quieres seguir hablando y llega un punto en el que quieres conocerla, hace que generes más que roce. Y yo, que tan impermeable me creía, empiezo a mojarme. Esa persona entra poco a poco en mi interior y llega a conocerme mejor que nadie. No le da miedo decir las cosas como son, aunque duelan. No le da miedo decirte las cosas como las piensa. Cuando te das cuenta la lluvía fina que es Él te ha calado por completo. Te da igual ir mojada, no te proteges. Así es como soy a su lado, soy una niña que descubre la lluvia y quiere jugar con los charcos. 
Su presencia es lo que más me calma y me evade del mundo. Aprendes a vivir las cosas de manera más pausada, porque si por ti fuera le pedirías un día sí y otro no que te mojase. Que quieres entrar seca en la habitación y salir empapada de Él, que tarde tanto en secarse que estés muy pocos días seca hasta que lo vuelvas a ver. Pero aprendes. De cada rabieta sacas una lección. Y aunque no puedas estar siempre con Él, te tragas muchas contestaciones que solo llevarían a quebrar esa superficie. Pero llega un punto en el que todo lo que has almacenado quiere salir y gritar. Soy valiente y puedo con lo que me echen, pero también soy pequeña y asustadiza.
Me da igual lo que seamos, porque para mí cada recuerdo vivido a su lado merece la pena ser conservado. Quizá otras personas desean calar en mí como lo ha hecho Él. Y sé que la respuesta de Él será que un día quizá suceda, que me olvidaré de Él y dejaré que otro ocupe su lugar exacto. Sé muy poco de la vida, lo poco para que muchos estén seguros de que mis argumentos caerán por su propio peso. Pero hay sensaciones que conozco, básicamente porque me conozco a mí misma. Y sé que ningún otro me pondrá de rodillas como Él, que ninguno dominará mi cuerpo como Él, que ninguno me sodomizará y presumirá de ello en mi cara. Igual que sé que con voluntad todas las grietas pueden forjarse y no quebrarse. Y si para ser fuerte he de ponerme el chubasquero lo haré, pero nunca, NUNCA (Y LO DIGO TOTALMENTE EN SERIO) NUNCA, seré yo quien abandone. Da igual el tiempo que transcurra o que Él me deje, voy a mantenerme fiel a lo que soy y mis promesas. No quiero un sustituto, Él es mi dueño y no habrá otro. A lo mejor soy una cabezota, o tengo más de perro de lo que pienso por guardar esta fidelidad. Pero mientras mi Amo no me diga "se acabó" yo voy a seguir luchando por tener la vida que Él me ha pedido que tenga, por seguir mejorando y por guardar mi orgullo y mi soberbia para despojarme de ellos solamente ante Él. 
Igual que he aprendido cosas que creía imposibles aprenderé a obedecer el resto. A aceptar que el collar no hace al perro, si no la coherencia con nuestros actos. 

martes, 26 de septiembre de 2017

La liebre y la tortuga

La liebre y la tortuga nunca fueron rivales, de hecho eran bantante amigos. En las carreras siempre se picaban porque hacían sus pequeñas apuestas privadas, de las que el resto de animales del bosque no solían participar. Mejor para ellos, se decían cuando estaban a solas.
Cuando la tortuga conoció a la liebre, esta solía ser muy impulsiva. En la primera carrera juntos, la liebre corrió hasta que no pudo más, paró a descansar y volvió a hacer un último esfuerzo para llegar a la meta la primera. Pero cuando estaba lo suficientemente cerca vio que la tortuga ya había traspasado la línea, y había ganado. Lejos de enfadarse con quien debía considerar su rival, la liebre se acercó a la tortuga a pedirle consejo. La tortuga en un principio receloso de que quisiera utilizar sus trucos para barrer el polvo con él en las carreras, dio un paso adelante y confío en ella. La liebre intuía lo bueno que era la tortuga, y desde ese primer momento sintió una profunda admiración por él. Los entrenamientos que le enseñaba, ella los cumplía a rajatabla. Los días que vagueaba se sentía culpable porque no quería que la tortuga sintiera que no se tomaba las cosas en serio. Cada uno a su manera, pero la liebre quería estar al mismo nivel que la tortuga en esfuerzo y perseverancia. Aunque en su interior supiera que él siempre sería su mentor, y por tanto merecedor de un respeto superior.
La siguiente carrera que hicieron juntos fue un logro para la liebre. Gracias al potencial que tenía y a los consejos de la tortuga, logró ganar. Estaba exultante por el triunfo, todos los animales del bosque la vitorearon. No daban crédito: por fin la liebre, el animal hecho para correr, había ganado cuando ya nadie lo esperaba. Estaba muy feliz y contenta. Cuando se acercó a la tortuga para recibir los halagos de ella, las palabras que más le importaban, él tan solo le dijo: "lo has hecho bien, pero tienes que seguir esforzándote". No daba crédito. La liebre quería pasar el resto del día con él celebrándolo, compartir juntos la alegría que ella sentía y que él estuviera orgulloso. Pero por lo que había escuchado parecía más bien que no le importaba o que no era capaz de reconocer el esfuerzo que había hecho. La tortuga lo había dicho como una halago sincero, pero a estas alturas conocía muy bien a la liebre, y sabía que un premio exagerado la cegaría, se relajaría y no se esforzaría más. Y aún le quedaba mucho camino por recorrer. 
La liebre se fue rabiosa. ¿Cómo podía ser tan poco sensible? Había entrenado sola toda su vida, nadie había estado con ella. Todos los animales del bosque sentían celos, no querían entrenar con ella para no favorecerla todavía más en las carreras. Por unas cosas o por otras siempre le había tocado estar sola. Pero por fin había encontrado a un animal con quien compartir parte de lo que más le gustaba en el mundo: correr. Quizá estaba siendo injusta, no debía pagar su frustración con el animalito que la había ayudado, el único en toda su vida. Pero podría haber sido de otro modo, al fin y al cabo también era un logro suyo. Él me había entrenado y su trabajo se veía reflejado en esa primera victoria después de tantos años. 
El día de la siguiente carrera había llegado, y la liebre y la tortuga no habían intercambiado palabra aún. La tortuga era muy sabía y racional, siempre calmada. Eso enfurecía a la libre, como si no le importase que estuvieran distanciados. Era incapaz de pensar fríamente y darse cuenta que la tortuga no había hecho nada malo, y que por tanto no tenía que estar con malas caras ante el resto del bosque. Lo que la decepcionaba eran las maneras, pero supongo que ese es mi problema. No puedo obligar a que digan lo que quiero. 
Al sonar la bocina anunciando la salida, la liebre echó a correr con furia. Iba a ganar, para demostrarle a la tortuga que podía ser una ganadora, que había cambiado y que no era el animal perezosos y confiado que era antes. Cuando sus patitas la alejaron tanto del resto de competidores que ya no los podía ni ver, se detuvo a descansar. Estaba triste porque la tortuga se había acercado a hablar con ella. Era el único animal del bosque al que admiraba tanto, y con el que odiaba estar peleada. Con todos los entrenamientos que habían compartido, había desarrollado un cariño muy profundo hacía él. Por eso suponía que su rechazo le dolía más que el del resto. Cuando los demás animales la ignoraban como había hecho la tortuga, ella sacaba pecho, ponía sus orejitas erguidas y no volvía a dirigirles la palabra. Pero con la tortuga no podía, siempre le llevaba unas hojas de lechuga frescas para volver a ser amigos. Eso haría, pero esta vez además haría una promesa para sí misma: nunca más tomarse las cosas a la tremenda. En medio de todos estos pensamientos la asaltó el sueño...
Cuando se despertó, se dio cuenta que todos los animales estaban en la meta celebrando el final de la carrera. La tortuga había ganado y la liebre lo estaba viendo a solo escasos metros, justo desde el lugar donde se había parado para dar la última carrera y ganar. Todo el bosque celebraba con el ganador y daba la enhorabuena al resto por el esfuerzo. La liebre se acercó a felicitar a la tortuga, él le dio las gracias y le sonrió como siempre. Poco después, cuando todos se habían ido, la liebre se acercó para disculparse con la tortuga por su comportamiento tan estúpido. La tortuga le dijo lo siguiente: "nada de lo que yo te dijera en ese momento te iba a bastar, estabas pletórica por tu victoria y mis palabras hubieran sido pocas te dijera lo que fuera. Yo no me enfadé contigo, pero tu insistencia lo hubiera arruinado". La liebre se quedó perpleja. No se había puesto a su nivel, podría haberla insultado, menospreciarla por ser infantil y reaccionar así. Pero no estaba enfadado. La liebre habló también y dijo lo siguiente: "lo siento mucho tortuga, te admiro tanto que tus palabras significan mucho para mí. Por eso cuando me reñías por perezosa me lo tomaba en serio y me esforzaba. Y cuando me felicitas me siento tan feliz. En lugar de sentirme tonta y decepcionada por tus palabras, debí estar agradecida. Lo siento mucho". La tortuga se acercó a ella, y la liebre con sus patitas de pelo suave la abrazó. 
Desde ese momento prometieron no enfadarse más, estar siempre juntos para entrenar y animarse mutuamente en las carreras. La liebre cambió también: poco a poco dejó de tomarse todas las cosas de manera tan dramática, se fue abriendo a los demás, que dejaron de considerarla tímida y altiva. Se sentía segura con la tortuga y sabía que estuvieran donde estuvieran, siempre llevarían al otro en su interior.

lunes, 28 de agosto de 2017

Relato: Doble P

Me encantaría que ocurriese...

Estamos en mi habitación. Él está tumbado en mi cama doble y yo estoy en el suelo mientras vemos una serie. Me acaba de follar el culo y me siento plenamente sodomizada. Me hace un gesto para subir a la cama, indicando que tengo permiso ahora.
- Apága un segundo la tele, te quiero comentar una cosa... Verás, hace ya un tiempo que hemos hablado sobre la idea de entregarte a otro hombre. Sabes que me gustaría estar presente o, en todo caso, verte después de tu encuentro con él. Sobre lo que ocurra, esté o no yo presente, ya sabes también como actuar. Se debe obedecer lo pactado y tú por encima de todas las cosas mostrarte complaciente con nuestro huesped. Los dos queremos que se vaya contento... ¿Verdad que sí? Claro, pues para eso tienes que tratarlo con las mismas ganas con las que me tratas a mí. Es bueno que de vez en cuando hablemos de estas cosas, así te refresco la memoría. Nunca te viene mal una explicación extra.

Se ríe ante esa última frase. Adoro cuando se ríe por algo que los dos entendemos.Me pone la mordaza, me recuesta sobre su pecho y Él se apoya contra el cabecero. Yo no entiendo muy bien el por qué de la mordaza justo ahora. No tardo ni un segundo en dabandonar ese pensamiento porque su mano está consiguiendo que mis flujos se derritan... Me gusta, me gusta mucho. Quiero sentirme llena y correrme así. Alzo la barbilla para mirarlo, quiero besarlo para no gritar pero se me olvida que no puedo con la mordaza puesta. Aaaahh... Ya viene, mi interior quiere estallar...
LLaman a la puerta. Mi instinto es coger la sábana para que Él pueda taparse y ponerme yo algo de ropa para ir a ver quién es. Sorprendentemente el Amo está muy tranquilo. Aparro el picaporte para abrir la puerta y su voz me detiene: 
- Sea quien sea, déjalo pasar... Shhh, sin rechistar, que te veía venir.

Ahora sí que no comprendo nada. Aún llevo la mordaza al cuello y una bata lígera de verano sin nada debajo. ¿Quién será? Acciono sin preguntar la puerta del portal y espero a que la persona suba. Abro la puerta al escuchar el ascensor y veo ante mí a un hombre trajeado. No es guapo ni feo, diría que tiene una cara amable. Eso me tranquiliza, ya que voy a dejar entrar a un desconocido. Ronda los cincuenta y pocos, y aunque su cara es agraciada, su cuerpo no lo es tanto: un poco bajito, un tanto rellenito y pelo descuidado. Me aparto para que pase. No sé bien que decirle así que lo dejo que se siente en el sofá del salón. Voy a por el Amo a la habitación. Está con sus calzoncillos y una camiseta lisa.
- ¿Le has ofrecido algo de beber? -Niego con la cabeza- Bueno, ahora lo solucionas. Solo quiero que sigas mis órdenes y recuerdes lo que hemos hablado hace unos minutos. ¿Entendido? Te voy a poner la mordaza, no quiero que te la quites hasta que yo te dé permiso o el hombre que está en el salón lo haga. Tan solo asiente si lo has entendido. Muy bien, ahora vamos. Detrás de mí.

Entramos los dos en el salón y ambos se estrechan la mano.
- Perdónala Julián, a veces olvida ser una buena anfitriona y se le olvida ofrecer aunque sea un vaso de agua. Anda Zo, ve a la cocina. Con dos vasos de agua estaremos bien.

Estoy muy nerviosa y prefiero llevarlos en la mano antes que usar la bandeja. Al entrar escucho la conversación ya empezada.
- Si tú estás de acuerdo lo haremos así. Mi objetivo es que tú estés cómodo para hacer a tu modo y que me la devuelvas jodida. Ya sabes. 
- Por mí está más que bien. Como te he contado, hace mucho desde la última vez que tuve sexo. Esto creo que será mejor que bien. Así que no me des las gracias por hacerlo.
 Ambos se sonrién y me miran. Pero solo me habla el Amo.
- Bien, vamos a ir los tres a la habitación. No necesitas saber más, solo obedecer.
Al entrar me pongo de rodillas. Creo que es lo correcto aunque tengamos un invitado. Por como lo hemos recibido supongo que ya intuye más de lo que han compartido conmigo.
- Ayuda a nuestro huesped a desvertirse, ponte de pie si lo necesitas y luego de nuevo al suelo para seguir conmigo.
Sigo la orden y le cuelgo la chaqueta en la silla. Desabotono su camisa y hago lo mismo que con la chaqueta, procurando se se arrugue lo menos posible. Tiene más vello que el Amo, le cubre gran parte de la espalda y el pecho. Le desabrocho el pantalón y descubro el mismo grado de pelo en sus piernas. Por último los calozoncillos. En ese mismo momento, sin mucho detenimiento para haber visto su polla, el Amo me agarra del pelo, me quita la mordaza y me empueja en esa dirección. Abro la boca y se la chupo. Se pone muy dura al instante.
- Creo que tu zorrita me va a hacer disfrutar mucho... Quizá necesite correrme dos veces.
- Lo que tú necesites Julián, ella no tiene voz ni voto en esto. Le gusta así...
Me acaricia la cabeza y me indica para que le quite a Él el calzoncillo. Ya se ha quitado la camiseta. Como no me da vergüenza mirar al Amo, solo con un gesto ya sé lo que quiere. Le lamo los cojones y deslizo la lengua por todo su tronco. Me gusta mucho como sabe, me dan ganas de estar con su polla en la boca toda la tarde. Pero creo que ellos tienen otros planes. Julián se tumba en la cama y el Amo me apremia para que suba, para que lo monte. Apollo las rodillas al borde de sus costados y me la meto despacio. Cuando entra entera bajo hasta el fondo y me froto contra su ingle. Me doy gusto y la humedad que tenía vuelve a salir. Subo y bajo con energía. Julián me toma la cara para besarme. A mí no me gusta pero accedo y lo beso como una cerda en celo. Gimo, cada vez más fuerte. Procuro no excederme para que los vecinos no escuchen más de lo que deben. El Amo se ofrece a ayudarme y me mete toda la polla en la boca, empuza mi cabeza durante unos segundo y me libera. Acompasa mi boca y su polla al ritmo del trote que llevo. Me da golpes en las mejillas para darse más gusto y me pregunta que si estoy bien. Solo lo hace para forzarme a hablar con su polla dentro y humillarme. Me estoy mojando mucho. Pero me da vergüenza aguantar tan poco. 
Julián está colorado, pero no pierde oportunidad de sobarme las tetas y agarrarme fuerte del culo para que me la clave bien hasta el fondo. Se inclina, parece que para cambiar de postura.
- Si me lo permites Julián, le voy a abrir el culo a esta puta. Luego os dejaré disfrutar a solas -se dirije ahora a mí-. Ponte a cuatro patas perra, te voy a partir en dos. Pero prometo ir todo lo despacio que pueda, pequeñita mía.
Obedezco y lo noto buscando mi agujerito. Cuando lo tiene a tiro empueja de una tacada. No aparto los ojos de Él, se ríe y empieza a meter y sacar en un bombeo que me pone como una animal. Julián se pone de pie y me agarra la cabeza para follarme la boca. Lo veo gimiendo como un cerdo baboso. El Amo me agarra del cullo para que saque culo y esté más erguida. Me suelta varias bofetadas que van a mi culo, como si estuviera arreando a un caballo para que no pare. De repente saca su polla, me besa y me muerde el culo, como marcándolo de su propiedad, y con permiso de Julián la pasa por toda mi cara. Julián mira la escena recostado, pajeándose sin tanto pudor como cabría esperar en un principio. El Amo me lleva ahí para que lo monte de nuevo. Me da mucho gusto notar el roce en mi coño, pero cuando me abre el culo me siento sodomizada, me siento suya. Es el componente de sumisión, humillación y dominación que mi mente necesita. Como si el Amo me hubiese leído los pensamientos, me la mete por detrás. Quiero gritar. Mi mente racional, la que piensa que me están abriendo por dos agujeros y debe doler, quiere hacerme creer que sufriré. Pero me relajo, siento y noto que no es así. Para mí es lo más salvaje que he hecho y quiero más. Quiero que me usen y me destrocen, salir escocida de aquí. El Amo me agarra las tetas y me muerde el cuello. Julián quiere mis manos en su pecho, que lo agarre fuerte y lo arañe, y el aprovecha para meterme dos dedos en la boca. Sí por favor... Quiero sentirme llena, jodedme cabrones... Que hijos de puta, traerme engañada... Follaos a esta ramera... Me doy cuenta que mi coño palpita y algunas de esas palabras las he dicho en voz alta. Me corro Amo, me corro como una puta en celo. Seguid follándome por favor... ¡Me corro! El Amo sale de mí y se coloca rápido sobre delante de mí. Me folla la boca pero tres sacudidas son suficientes para que me lefe la boca. La abro y se lo muestro. Trago tranquila. El Amo me acaricia las mejillas que antes habia golpeado y me besa la frente.
- Se buena Zo, hazlo sentir cómodo. Yo me voy a dar una ducha y os espero en el salón.
Cuando sale por la puerta me sonríe de manera dulce y me da ánimos para cumplir con más esmero su tarea. Julián quiere probar también mi culo, lo sé. Desde que ha entrado por la puerta lo he visto educado, pero con la suficiente perspicacia como para entender que todo lo que el Amo le muestre, él lo podría repetir conmigo a solas. Me agarra del brazo suave para que me tumbe boca abajo, como tentando la suerte, probando a ver si me resisto. Supongo que el pobre no está acostumbrado a tal displicencia. Cuando la mete en mi culo se apoya completamente en mí. Me pesa y le da igual. Esa falta de delicadez me gusta. Me pone la mordaza de nuevo para que no comente nada. El Amo siempre me dice que así estoy preciosa, y mucho más guapa callada. 

Cuando ya salimos le digo a Julián que use él el baño primero, sorprendido de que no tenga la necesidad de ir yo corriendo por el estado en el que estoy. Yo sonrío y río para mis adentros. Con todo lo que ha visto parece que aún no intuye la magnitud de mi sometimiento.
Voy corriendo, pero a ver al Amo al salón. Me mira feliz. Mira mi cara repleta de la lefa de otro.
- Veo que lo has hecho muy bien. Julián no ha salido alarmado ni quejándose por la puerta en mitad de vuestro tiempo a solas. Es muy buena señal... Esta noche me contarás todo con detalles. Si lo que escuho me complace y demuestras haber estado a la altura, te merecerás un regalo por todos las caritas sonrientes que lleves acumuladas. 
Solo el hecho de volver a estar a su lado ya me alegra. Me hago un ovillito en sus pies y esperamos en silencio a que Julián salga. El Amo me deja despedirme de él con un gesto sencillo en el que inclino la cabeza. Los dos besos aquí no proceden, por no hablar de como le dejaría la cara de sucia.

Ahora estamos los dos juntos de nuevo, podemos ser nosotros con total libertad. 



martes, 22 de agosto de 2017

22 días y 9 días

Son los que he pasado sin verlo y los que, al menos, me quedan por pasar hasta que nos veamos. En general creo que ha sido uno de los mejores veranos desde que lo conozco, y quizá esté gafando las cosas solo por decirlo. Sin embargo quiero ser optimista, creer que podemos llegar a septiembre sin más altibajos. 
En este tiempo, he tenido horas suficientes para hacer un análisis de mi evolución como sumisa, como su perra. Me gusta ser suya, y cualquier apelativo que Él quiera añadir será querido. Me he dado cuenta de lo caprichosas que somos a veces, de lo caprichosa, pesada y egocéntrica que soy a veces. Si me castiga por algo estoy todo el rato pensando en que me levante el castigo, en que no he hecho nada realmente malo para merecerlo. Y cuando el Amo decide que ya es suficiente y me premia, me quejo porque me consiente demasiado o porque le doy pena. Creo que somos, o queremos ser, demasiado perfeccionistas. Ese afan por querer mejorar y criticarnos tan duramente no es tarea nuestra. El Amo es quien decide que premio o que castigo darte. 
También me he dado cuenta que cuando no hago montañas enormes de una cosita insignificante y actúo con normalidad, Él se acerca a mí y no me ignora ni me esquiva. Se siente relajado para hablarme con normalidad. Actúo con cautela porque no sé si puedo hablar y cuando el Amo me habla de cualquier tontería mi cuerpo entero se relaja y sé que ya hemos olvidado el asunto. He puesto todo de mi parte para que la situación entre los dos fuera estable. Ya que no nos podíamos ver, al menos estar "cerca" el uno para el otro. 
Lo que ocurre es que son muchos días, y aunque soy plenamente consciente de que Él es mi dueño, de vez en cuando me da por actuar con muchos aires de superioridad. Me creo con derechos a subir el tono, a exigir y reclamar de manera egoísta. A creer que soy solo yo la que lo echa de menos y quiere verlo. A eso le sumo el hecho de mis necesidades. Estar un mes sin que me folle, sin que me ponga en mi lugar de este modo, para mí es mucho tiempo. Es sexo me diréis. te puede demostrar que es tu Amo aunque estéis distanciados me dirán otros. Y lo sé, y probablemente tengáis razón y a vosotros os funcione aplicar esa mentalidad. Me la creo. Pero para mí el sexo es muy liberador. Cuando noto su peso y me abre el culito diciéndome que lo mire a la cara, de verdad que me siento en la gloria. Se ríe de mí por tonta, por querer algo que al día siguiente me dejará jodida, y no me siento menos que nadie por ello. Me siento muy mujer, me siento poderosa incluso caminando con las piernas un poco separadas para evitar el roce. Todas esas ganas por rememorar sensaciones y correrme con el culito apretando su polla me nublan el entendimiento. Me hace ser exigente y un poco imbécil. Bueno, bastante imbécil. Estoy orgullosa de ser un cerda y de comportarme con Él como una puta, pero me da rabia que justo por eso meta la pata de maneras tan tontas. 
Las veces que lo he razonado y lo he explicado por encima a mi mejor amiga, no me ha entendido. Se pone de mi parte aunque deje caer un "eso no lo deberías hacer". Odio que se pongan de mi parte y disculpen mi comportamiento. Porque yo sé que no he hecho las cosas bien y lo que menos necesito es que me den aires de grandeza.
Espero que sepa pulirme, que de verdad me quite la soberbia y el orgullo con los que inmerecidamente lo trato a veces. Y que sepa que no excuso mi comportamiento con echarlo de menos. Lo cierto es que lo adoro, lo respeto más que a nadie quizá, porque para mí es una persona importante. En base a todo eso, estoy más que dispuesta a aprender. Hoy me dio una orden, y aunque quería responder altiva, me callé y respeté su palabra. Hace meses esto era impensable de cumplir. Me doy cuenta de lo corta que es la vida, del tiempo que pasamos separados y de que no quiero pasar el tiempo juntos portándome mal. 
Quién sabe lo que pasará el próximo verano, pero espero ser mejor todavía, soportar mejor las distancias y por supuesto que me permita seguir siendo suya. 
Te adoro Amo, perdona mi comportamiento tonto y quédate con mis ganas de obedecer.